¿Publicidad graciosa?  

¿Publicidad graciosa?  

Surgen nuevas redes que permiten conectar audiencias de forma más fácil, llegar a más gente, crear historias divertidas, interactuar con las exposiciones, dar que hablar, informar sobre las agendas, compartir fotos…y un largo etc. Con “suerte” muchas instituciones culturales que están presentes en redes sociales consiguen seguidores, likes, retweets, followers, impresiones, visibilidad, visitas a sus webs, etc. Pero muchos de esos reclamos son falsos y no se pueden traducir de ninguna manera en calidad de gestión cultural. Es como si pusiéramos anuncios por todos los sitios; marketing cultural que solo crea contenido banal, vacío y de autobombo.

Las redes sociales, pueden existir para dar un apoyo publicitario o informativo a las propuestas culturales, sí, pero también se pueden utilizar para crear propuestas interesantes que trasciendan, respondan preguntas o sean relevantes. Que un museo comparta una foto de una de sus esculturas junto a la letra de una canción de Beyoncé me puede parecer divertido un segundo, pero al segundo siguiente me parece puro ruido, que molesta a la hora de buscar el contenido de calidad y crear contextos

Leo este artículo “LACMA es el primer Museo en unirse a Snapchat“ y me hace pensar si el fenómeno de la redes sociales puede también fomentar el descubrimiento y el aprendizaje además de ser entretenido.

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